lunes, 4 de junio de 2007

CHARLA-GRACIELA ALBIÉ






CHARLA-ALEJANDRO JORDÁN

CHARLA PAPÁS DE 5º a 8º BÁSICO

Contenidos: “Lo que empiezan a vivir los papás de un(a) joven preadolescente”
Pubertad:
*Cambios físicos: maduración sexual, desarrollo corporal, idea popular de la edad del pavo (constatación desde lo objetivo -desarmonía física, torpeza, etc.-, sin embargo, constituye una descalificación terrible desde la subjetividad o emocionalidad del joven).
*Cambios psicológicos:
*Aspectos psicológicos de los padres
*Como constituirse en un factor positivo de desarrollo

INTRODUCCION:

La pubertad, la preadolescencia y la adolescencia propiamente tal son un período de la vida que tiene mala fama. Se da por hecho que los hijos a esta edad se vuelven rebeldes, oposicionistas, transgresores de normas, desafiantes, etc. Los papás se desesperan y no saben qué hacer. En general se tiende a culpar a los adolescentes de las dificultades en las relaciones entre padres e hijos, sin embargo esta acusación es un poco injusta para los jóvenes, ya que la “rebeldía” de éstos no es el único factor que complejiza la relación. Los padres también se encuentran enfrentando una serie de cambios y tareas propias de la etapa del desarrollo en la que se encuentran. Entonces lo que ocurre es fundamentalmente un choque generacional producido por los cambios que tanto padres como hijos están viviendo.

CAMBIOS EN EL HIJO:

Los cambios más importantes de un joven entre 5º y 8º Básico están determinados por su progresivo ingreso a la adolescencia. El comienzo de ésta está marcado por la maduración de su organismo, etapa del desarrollo que conocemos como pubertad. La edad de aparición de la pubertad varía considerablemente de una persona a otra. En las últimas décadas se ha visto a una progresiva reducción de la edad puberal. Actualmente la edad de comienzo de la pubertad varía en las niñas entre los 8 y los 13 años y en los niños entre los 10 y los 14 años, lo que produce una serie de cambios físicos evidentes, Por ejemplo: crecimiento de los órganos genitales, aumento de la masa muscular, cambio de la voz, etc.
No es mi intención profundizar en los cambios físicos ya que probablemente todos tenemos más o menos claro en qué consisten. Me interesa más bien comentarles lo que estos cambios generan en los jóvenes desde el punto de vista psicológico.

La maduración sexual y desarrollo corporal asociado a ella genera un grado de inestabilidad emocional importante en los(as) jóvenes. Se produce una suerte de desconocimiento, extrañeza e incluso incomodidad frente al propio cuerpo, sobre todo en los que van más adelantados en su desarrollo físico. Surgen en ellos sentimientos de vergüenza y temor al rechazo y esto a su vez normalmente se ve potenciado por la mirada de sorpresa y el carácter de “fenómeno” que le transmiten sus compañeros que aun no han manifestado los cambios. En la práctica es frecuente ver niñas que andan semiagachadas y que incluso en algunos casos llegan a tener dolores de espalda por el hecho de buscar ocultar el crecimiento de su busto. Por otra parte en el caso de los hombres la aparición del “bigote” también es motivo de bromas pesadas que atentan directamente contra la autoimagen del joven. Lo mismo ocurre con los que presentan un desarrollo tardío, ya que la no aparición de esos mismos caracteres que para otros significaron motivo de vergüenza en algún momento, para ellos ahora son motivo de frustración puesto que son características admiradas, ya que los hacen verse más grandes y más atractivos.

Además de los factores de ansiedad propios de la adecuación a la nueva apariencia del cuerpo, existe un factor ambiental que genera tensión e incluso en algunos casos angustia. Este factor está relacionado con la idea popular de “la edad del pavo”, que para los adultos y los hermanos mayores es una constatación de la desarmonía física, la torpeza en el comportamiento y en las reacciones emocionales, el cambio en los intereses y en el nivel de activación y motivación por las cosas, etc. Sin embargo, la expresión de esta constatación “objetiva” con todo el carácter de divertido y molesto que suele tener para los adultos, muchas veces es vivido desde la subjetividad o afectividad del joven como una descalificación terrible, ya que todos estos cambios que en sí mismos son fuente de ansiedad e inestabilidad emocional producto de la dificultad para identificarse con este “nuevo envase” se ven agravados por comentarios que aun cuando no son expresados con mala intención los ridiculizan. Es muy importante tener en cuenta estos elementos, ya que cada uno de ustedes como papás puede constituirse en facilitador o en un factor que dificulte la identificación de sus hijos con su corporeidad y aceptación de sí mismo. Hay casos extremos en los que la presión que generan los modelos culturales sumado a experiencias negativas previas derivan en un franco rechazo al propio cuerpo, generando sentimientos de infelicidad y problemas importantes de autoestima. Cada joven en mayor o menor medida va a sentirse expuesto a los desafíos que impone esta etapa del desarrollo y dependiendo del grado de seguridad en sí mismo y de los recursos psicológicos que cada uno tenga, este desafío será sorteado con mayor o menor dificultad. Ojo, es importante que tanto ustedes como los hermanos mayores eviten caer en descalificaciones o bromas pesadas, ya que uno nunca sabe el impacto que esas bromas tienen sobre los adolescentes.

Desde el punto de vista de los intereses, progresivamente comienza a evidenciarse un mayor interés en jóvenes del sexo complementario. De esta forma, comienzan a aparecer los primeros carretes nocturnos, fiestas, juntas o asados. Estos carretes también están cargados de montos significativos de ansiedad, ya que en cada invitación a bailar, el joven arriesga un duro golpe a su autoestima. De la misma manera las niñas miden su atractivo y hasta cierto punto su valor personal, en cuantas veces las sacaron a bailar durante la noche.

Al igual que en las variaciones que se producen en el desarrollo físico, también hay gran variabilidad entre los jóvenes en cuanto al momento en el que comienzan a interesarse por el otro sexo. En este aspecto, es muy importante que los papás no presionen ni fuercen a sus hijos en el comienzo de su interés y relación por el tener amigos y salir con jóvenes del otro sexo. Es muy importante no caer en exigencias implícitas como por ejemplo: “yo a tu edad, ya había pololeado como tres veces…”, lo único que se logrará con eso es angustiar al hijo(a) y crearle temores que para él o ella en este momento simplemente no son tema.

Muy relacionado con las primeras incursiones en fiestas y juntas mixtas y con la necesidad de proyectar una imagen atractiva y desenvuelta aparecen, primero el cigarro y luego el alcohol. En relación con esto, es importante tener en cuenta el contexto de inseguridad emocional que se da en los jóvenes producto de todo lo que hemos mencionado anteriormente, lo que sumado a que el inicio del consumo de alcohol está siendo cada vez más precoz hace que el riesgo de tomar en forma desmedida aumente en forma significativa. En ese sentido es necesario que los mensajes de desaprobación de Uds. como papás frente al consumo de cigarros y alcohol sea claro.

META DE LA ADOLESCENCIA:

Por otra parte, la pubertad es el hito con el cual comienza la etapa de la adolescencia, la cual se extenderá por un período aproximado de 10 años. El fin de esta etapa se define por criterios psicológicos y sociológicos que tienen que ver con la definición de la propia identidad y el logro de la autonomía.

Tener presente esta meta de la adolescencia es fundamental ya que es el contexto en el que se desenvuelven los chiquillos. Todas sus actitudes, sus ideas y sus proyectos apuntan, con mayor o menor grado de conciencia, al logro de esta meta.

Las dificultades que se presentan en la relación entre padres y su hijo adolescente no sólo es la expresión de de la construcción de la identidad y de la búsqueda de autonomía de los jóvenes, también los padres aportan un elemento esencial. La mayor parte de los papás cual más cual menos y con mayor o menor grado de consciencia tiende, de alguna manera, a considerar a su hijo(a) como una prolongación de su propia existencia, de su propia vida. Los papás tienden a proyectar su historia sobre sus hijos y de esta manera construyen sueños y también juicios respecto de la vida de su hijo(a). Esperan que ellos no caigan en los mismos errores que ellos cometieron en su juventud y de igual manera, esperan que exploren las mismas sendas de éxito que ellos alcanzaron. De alguna manera esperan que sus hijos sean una versión corregida o mejorada de ellos mismos sin darse cuenta de lo injusto que eso es para sus hijos. Posiblemente a algunos no les caiga bien lo que estoy diciendo o consideren que efectivamente eso puede ocurrirles a otros papás pero no a ellos. Mi intención al decir esto no es enjuiciar su rol como papás, ya que evidentemente todos estos sueños y temores están fundados en el amor que les tienen a sus hijos. Sin embargo, cuando yo proyecto mi historia sobre la vida de mi hijo le impongo mis sueños, mis temores, mis gustos, es decir, finalmente le termino imponiendo mi camino sin darme cuenta que tal vez ese no es el camino de mi hijo(a), tal vez él o ella tiene un camino maravilloso, pero que no tiene nada que ver con lo que yo he imaginado para él o para ella. Ej: Muchas veces me ha tocado ver que los papás se quejan de que ellos hacen tremendos esfuerzos para compartir un momento especial con cada uno de sus hijos y por ejemplo invitan a cada uno un fin de semana a acampar, a andar en bicicleta y a pescar. Lo había hecho siempre con sus hijos mayores y lo habían pasado increíble y él sentía que esa experiencia había marcado mucho la relación con sus otros hijos, pero con este hijo (el que me habían traído a la consulta) no había pasado nada, no se habían podido comunicar, se había quejado todo el tiempo y por lo tanto ese papá estaba bastante resentido con ese hijo, primero sentía que era un mal agradecido y luego empezó a plantearse que ese hijo tenía un problema. Efectivamente el problema del hijo era que sentía que en esa familia nadie lo valoraba por lo que era y que tenía que adecuarse a un estilo de funcionamiento y a una serie de ritos familiares que para él no tenían ningún sentido.

Características de esta etapa:

- Progresivamente comienza a desarrollarse un mayor afán de independencia y libertad: que posiblemente en este momento se comience a expresar en una necesidad de tener un espacio físico y un tiempo propio, en esta etapa comienza a ser frecuente el hábito de encerrarse en la pieza a escuchar música y a hablar horas por teléfono o por Messenger. Con frecuencia esta conducta desespera a los papás que sienten que sus hijos ya no hacen nada más, que el estudio pasó a ser la última prioridad, que cada día es más difícil ir a misa los domingos con ellos, etc. Disminución de la energía: todo le da “lata” (a excepción de las actividades que le motivan o le entretienen como el fútbol o las fiestas), puede estar horas en el computador, echado en la cama escuchando música, viendo televisión o incluso no haciendo nada.
- Mayor egocentrismo: Esto tiene que ver con la búsqueda de la propia identidad, el chiquillo se orienta a un conocimiento personal, a reconocer sus propias motivaciones, capacidades y habilidades, en la práctica esto se traduce en dificultad para ponerse en el lugar de otros. Los papás se comienzan a quejar “este cabro está súper egoísta no ayuda en nada, no me ayuda a bajar cosas del auto, no me pone la mesa como lo hacía antes, no lleva su ropa al canasto de la ropa sucia etc. A la vez los chiquillos se quejan que siempre les estan exigiendo cosas, que no los dejan tranquilos, es como si la mamá fuera una pulga en el oído.
- Sentimiento de omnipotencia: Existe la convicción de que a mí no me va a pasar nada, a pesar de los peligros que se ven a diario en las noticias.
- Cuestionamiento a los padres: comienzan a exigir argumentos, las opiniones de los papás se valoran como opiniones y no como verdades lo que muchas veces irrita a los papás.
- Fuerte orientación hacia los amigos: Disminuye el interés por participar de actividades familiares a la vez que surge un fuerte interés por juntarse con amigos y salir a carretear.
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Todos estos cambios producidos en los jóvenes evidentemente tienen un impacto significativo en la forma de relacionarse con los papás y por ende se traduce en una mayor exigencia para ustedes ya que se pasa de una forma de relación en la que se les obedece por el hecho de ser los papás, a otra forma en la que se empiezan a pedir argumentos, en la que empiezan a reflejar las inconsistencias y a establecer una relación más horizontal. Por lo tanto, o me adecúo a esta nueva forma de relación (sin que esto signifique perder autoridad) o estoy condenado a ir gradualmente distanciándome de mi hijo(a), al punto que en ocasiones, cuando los papás quieren reaccionar, ya no tienen tema de conversación y no saben cómo relacionarse con él.

CAMBIOS EN LOS PADRES... (aclaración de las diferencias de edad entre los padres):

Los cambios que viven los padres también están relacionados con la etapa del desarrollo en la que se encuentran.

Desde el punto de vista físico:

El cuerpo está más cansado y aparecen los primeros signos de que ya no estamos tan jóvenes: los cambios fisiológicos se hacen patentes al ver a sus hijos que son el reflejo de su pasado o hacen juntas de curso de colegio y salen todos pelando porque sus propios amigos actúan como espejos y que dejan ver el paso del tiempo. Algunos papás tienen dificultades para enfrentar el paso del tiempo y tratan por todos los medios de verse y sentirse jóvenes porque el paso del tiempo tiene un fuerte efecto en su imagen de sí mismos.

Desde el punto de vista psicológico:

Los propios cambios físicos y el ver a sus propios padres enfrentando la vejez suele producir cuestionamientos importantes, es un tiempo de búsqueda interior, de evaluación de los logros alcanzados a lo largo de la vida, se comienza a hacer una revisión del pasado. La persona se da cuenta de que ya ha recorrido una buena parte de su vida de manera que el "como" y "en que" se invierte el tiempo se convierte en un asunto de gran importancia. Es frecuente la sensación de que las expectativas que uno se había propuesto no han sido alcanzadas, lo que conduce muchas veces a un replanteo en el estilo de vida seguido hasta el momento, se produce una reorganización de sus valores y desafíos.

Una vez que se ha hecho el balance acerca del tiempo vivido, nuevamente se realizan elecciones y se plantean nuevos desafíos para el futuro. ya que aparece, también, la necesidad de recuperar el tiempo perdido y vivir los años que quedan de una manera distinta.

ALGUNAS DIFICULTADES QUE SE PODRÍAN PRODUCIR EN LA RELACIÓN A PARTIR DE LA REALIDAD EN LA QUE SE ENCUENTRAN PADRES E HIJOS:

La relación de los adolescentes con sus padres es con frecuencia bastante inestable y como se comentaba al comienzo, esta inestabilidad no solo tiene que ver con los cambios que se producen en los jóvenes, sino que también con la dificultad que suelen tener los padres para adaptarse a éstos y a sus propios cambios. La capacidad de escucharse y la flexibilidad que logren en las relaciones va a ser muy determinante en el modo en el que la familia supere las tensiones que se producen en la relación.

HIJO
Los hijos se van haciendo cada vez más independientes y en su afán por alcanzar la autonomía. El adolescente puede llegar a confrontar a sus padres, a ser crítico, tener actitudes desafiantes o incluso conductas “extravagantes” (vestirse con estilos extraños, ponerse aros en todas partes, modificarse el pelo, pintarse las uñas negras, etc).
Los jóvenes comienzan a exigir argumentos frente a las determinaciones que los padres van tomando y que los involucran. Entre éstas, uno de los motivos más frecuentes son las discusiones por los permisos: Ej. “Por qué yo tengo permiso hasta la 12 am si mis amigos se quedan en la fiesta hasta las 1am”.
La reacción de los hijos frente a la actitud de los padres que se “alolan” es diversa:Pueden encontrarlo “buena onda”.
Pueden encontrar absurda la “adolescencia adulta de sus padres” y tender a distanciarse de ellos.Sin embargo, esta actitud de los padres tenderá a producir confusión y desorientación en los adolescentes al faltarle “un rayado de cancha” claro que le permita saber a qué atenerse.
PAPAS
Los padres se sienten angustiados y tienen que hacer el duelo que implica la progresiva pérdida del control que van teniendo sobre sus hijos (ya no son sus “guaguas”).
Frente a la actitud desafiante de su hijo, los papás pueden reaccionar intentando recuperar el control imponiéndose en forma autoritaria y haciéndose cada vez más rígidos e intransigentes de modo que se corta la comunicación.
El hecho de que su hijo no sea niño pero tampoco adulto hace que en ocasiones los papás se sientan confundidos y no sepan si imponer una disciplina acorde con un niño o respetarlo y dejarlo actuar en forma autónoma.Los padres se ven enfrentados a la disyuntiva de optar por ser permisivos o restrictivos y a veces autoritarios.

Surgen algunas dudas:¿Hasta que punto comienzo a tratar a mi hijo como adulto o lo sigo tratando como niño?
Algunos padres, debido a lo difícil que les resulta aceptar que ya no son los jóvenes de antes, se identifican con la cultura juvenil de sus hijos y comienzan a asumir valores mucho más permisivos no enfrentan la disyuntiva entre ser permisivos y restrictivos. Esto resulta bastante tentador porque se ahorran muchos conflictos Es frecuente que este “alolarse” se expresen en conductas concretas como por ejemplo:Papá se compra una moto o un auto 4x4 y sale a “jeepear”.Mamá se compra ropa de lola y se “produce” como su hija.
¿QUÉ HACER?
Es necesario tratar de buscar que hay detrás de esa actitud o conducta de mi hijo. No tomárselo como un ataque personal “por qué me haces esto a mí”, “lo único que haces es pelear conmigo y hacerme rabiar” o como una falta de amor “sensación de que mis hijos ya no me quieren” o sentirse cuestionado en su rol de padres. Se debe “prestar oreja” al hijo.

Es necesario buscar un equilibrio, no ser demasiado aprehensivos ni tampoco desentenderse y dejar que sus hijos hagan lo que quieran. Resulta muy útil compartir experiencias con otros papás y ponerse de acuerdo en los permisos (horas) y en las mesadas.
Es fundamental que los papás tengan total claridad de que su principal rol es el de PADRES y que no pueden anteponer el rol de amigos antes que su rol formador.

¿Y QUÉ PODEMOS HACER ENTONCES PARA TENER UNA RELACIÓN MÁS CERCANA Y ARMÓNICA?

Es fundamental darse el tiempo para compartir, para escucharse y dialogar: Es necesario que padres e hijos conversen, que generen espacios comunes de convivencia Ej: comer juntos todos los días, que puedan intercambiar puntos de vista e intentar comprender que está sintiendo o que está viviendo cada uno dentro de la relación. La idea es ser capaz de acercarse y averiguar en qué te puedo ayudar, que necesetas de mí. Ojo que esto no asegura que todos queden conformes con la relación, pero si que tanto los hijos como los padres se sientan escuchados y que puedan ver una preocupación de parte del otro, un intento por comprender lo que me está ocurriendo.

Bajarse y tratar de empaparse de la experiencia del hijo: para luego iluminarla desde la propia experiencia. Muchos de los problemas de los jóvenes han sido experimentados antes por los papás porque responden a temáticas típicas de la edad y el compartir su experiencia puede ser muy iluminador para su hijo.

Límites claros pero flexibles: Los jóvenes necesitan límites claros, necesitan saber con claridad hasta donde pueden llegar, porque a pesar de que se encuentran en una incesante búsqueda de mayor libertad, aun no son autónomos y necesitan de las orientaciones de los adultos, sin embargo a la vez es importante que los límites sean flexibles y consideren las condiciones de cada situación.

Aprender a negociar y renegociar: Esto implica que tanto el hijo como sus padres expongan sus expectativas y vayan viendo posibles soluciones, es necesario transar en algunas de sus expectativas. Finalmente se hace un contrato en el que queda claramente definido que se puede y no se puede y cuales son las consecuencias de una ruptura de dicho contrato. Esto va permitiendo que el joven vaya haciéndose responsable de los compromisos que asume a la vez que le permite asumir las consecuencias de sus errores.

Metáfora del portaaviones:

La relación entre padres e hijos debiera ser parecida a la relación que tiene un portaaviones con sus aviones:
El portaaviones tiene todo lo que los aviones necesitan para cumplir sus funciones, ahí se abastecen, se les da cuidado y mantención, se les dan todas las herramientas que necesitan para volar e incluso se les impulsa para que puedan despegar, pero durante el vuelo, el portaaviones monitorea y sabe donde y en qué esta cada uno de sus aviones. Del mismo modo los aviones despegan y vuelven a aterrizar, pero tienen siempre al portaaviones como su referente, nunca dejan de estar en contacto con este y están atentos a cuidarlo y a defenderlo cuando ven una posible amenaza.

La relación de los padres y sus hijos adolescentes debiera ser igual al portaaviones, es necesario que los padres sepan cuales son las necesidades de sus hijos y estén disponibles para apoyarlos en éstas, también es necesario que dejen despegar a los hijos y que los animen a esto, pero no pueden dejar de saber donde, en qué y con quién están. Del mismo modo es fundamental que los hijos sepan que así como el portaaviones tiene todo lo necesario para cuidar y abastecer a los aviones, sus padres los cuidan y se preocupa de lo que necesitan, pero el portaaviones, al igual que los padres necesita de cuidado y mantención.

En la práctica esto se logra teniendo gestos concretos de acercamiento, de preocupación y de cariño Ej: conversando con los papás, preguntándoles como están, participando de las instancias de encuentro familiar, ayudando en la casa, etc.

CHARLA-MARISA SOLER





Padres de alumnos de kínder a 4º básico

a) Cómo transmitir mensajes y valores básicos
b) Qué y cómo escuchar
c) El desarrollo de la afectividad en el niño
d) La expresión positiva de la afectividad
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Aquí van en síntesis, los puntos que abordaré para desarrollar el tema que me han pedido.
1. La comunicación supone relación. Al comunicarme establezco una relación. Pero,
· Uno se puede relacionar de diferentes maneras e intensidades
· y se puede comunicar partir de diferentes niveles de uno mismo.

2. De igual manera, se pueden transmitir diversos valores:
· valores que he heredado de mis padres y personas importantes para mi
· valores que me llegan del medio ambiente
· valores que corresponden a lo que soy en lo más esencial de mí. Valores que me movilizan desde el interior y que le dan sentido a mi vida.
3. Igualmente, puedo escuchar al otro desde distintos lugares de mí. Y ver al otro superficialmente o entrar en lo que es y siente de fondo.

Para comprender mejor esto, les mostraré un esquema en donde aparecen los diversos lugares interiores que hay en toda persona.
Presentación del Esquema de las Instancias de la Persona

4. A partir de ese Esquema, presentaré cómo se puede ayudar al desarrollo de la afectividad en el niño y la expresión positiva de la misma.
o Como en la dinámica de la relación padre/hijo esa afectividad se puede desarrollar de manera sana o puede verse alterada, deformada.
Para esto:
§ Es necesario alcanzar el lugar del amor gratuito que está en nuestro ser papá/mamá. Ese lugar que quiere el bien del otro y en donde se encuentra la ternura y la firmeza necesarias para formar a un hijo.
* Hay que cuidar el propio crecimiento afectivo y la relación sana entre los padres.
* Tener en cuenta que los niños aprenden lo que viven en los diversos ambientes en los que están inmersos.

5. Al final les daré temas con preguntas que les ayudarán a avanzar en los puntos que he desarrollado.

CHARLA - Dr. José Gengler Ladi-PARTE I